Un premio merecido
La selección del ex vicepresidente de Estados Unidos, Albert Gore, y de las Naciones Unidas como receptores del Premio Nobel de la Paz, es una ruptura con lo que tradicionalmente ha sido un galardón para personas o instituciones que realmente hacen mérito al premio mismo.
En este caso, ganó la lucha permanente de ambos por concienciar a la gente sobre la importancia del peligro del calentamiento global y los efectos a corto y a largo plazo sobre la humanidad.
Algunos analistas estiman que es un balde de agua fría contra el mandatario estadounidense, George W. Bush, quien ha rechazado firmar el protocolo de Kioto sobre el cambio climático, pero sobretodo por no tomarse en serio el asunto del calentamiento. Para algunos políticos la ecología no ofrece beneficio. Quizás esa sea la razón por la cual el jefe del comité selector del premio, Ole Danbolt Mjoes, afirmó rápidamente, luego de la noticia, que el premio “no tiene por fin criticar al gobierno estadounidense de George W. Bush...”.
La ONU también ha trabajado incansablemente sobre el tema, que, debe admitirse, en prinicipio no llamaba suficientemente la atención como para tomarlo en cuenta.
Albert Gore ha sido uno de los políticos “ecologistas”, que más tiempo ha invertido en este renglón. Algunos de sus seguidores han propuesto, a razón de las nuevas elecciones estadounidenses, que vuelva a la competencia para las presidenciales, en el año en que también se llevó en las últimas premiaciones de los Oscar una estatuilla por su película “Una verdad inconveniente”.
Ya era tiempo de que el tema de la ecología, el daño al planeta, el agujero en la capa de ozono y toda esa “palabrería” para algunos, empiece a ser importante para los gobiernos y los políticos. El Nobel fue un espaldarazo por el bien de la naturaleza.
El que sí puede estar seguro de que no recibirá premio alguno es el texano. Muchos estadistas se preocupan por su futuro puesto en la balanza de la Historia. Hasta ahora, los expertos creen que pasará como uno de los peores jefes de Estado del Norte, sobre todo por las guerras y las difíciles relaciones externas mundiales. Para eso, todavía no hay premios.